El hombre se adentró en Praileaitz

DV (Mikel G. Gurpegui). 19-06-2008.
En la prehistoria, los hombres vivían en tiendas realizadas con pieles o bien en la entrada de cuevas. Más raro era que se asentasen en el interior de las cuevas. Sin embargo, así lo hicieron en la cueva de Praileaitz I, en Deba. Unos estudios con carbono 14 han confirmado esta semana una estancia humana en la segunda sala interior, datada en torno a hace 9.000 años, durante el período epipaleolítico.
«Ya teníamos la impresión de que el material allí hallado correspondería al epipaleolítico -comenta Xabier Peñalver, director del equipo de Aranzadi que ha desarrollado las excavaciones en Praileaitz- pero es ahora, con los estudios de carbono 14, cuando tenemos la confirmación de que, aún siendo una sala interior y oscura, la ocuparon temporalmente durante el epipaleolítico».
Estrechos accesos
A esa segunda sala de Praileaitz, de unos 40 metros cuadrados y presidido por una gran columna, se accede a través de estrechos accesos desde la primera sala, esa en la que aprecieron la mayor parte de los colgantes o collares de piedra. De la segunda sala, a través de tortuosas galerías, se accede hasta la gran cavidad en la que se encontraron las rayas y puntos pintados sobre la pared. Como nos matiza Peñalver, «ya sabíamos que el hombre había entrado más dentro de la cueva, pero una cosa es una entrada en un momento dado para hacer unas pinturas o un ritual, y otra distinta un asentamiento».
Una de las grandes cuestiones planteadas en el plano arqueológo en la cueva guipuzcoana es determinar el área en la que se asentó el hombre en los distintos períodos. Hay que tener en cuenta que en diferentes puntos de Praileaitz I se han detectado restos correspondientes a muy variados niveles de ocupación. Hasta el momento, se habían confirmado dataciones desde hace 8.000 hasta 25.000 años atrás.
En el nivel al que han llegado los arqueólogos en la segunda sala interior se recogieron carbones, correpondientes a fuegos, y fragmentos de ocres, utilizados para pintarse, así como algunos escasos restos de sílex, algún vestigio de fauna y un fragmento de hueso trabajado.
Según comenta Xabier Peñalver, «es poco material para precisar la fecha». Una escasez en la línea del conjunto de la cueva, donde «están apareciendo materiales excepcionales, pero muy pocos de los habituales, relacionados con la caza o la vida cotidiana. De ahí que pensemos que era una cueva unida a algún tipo de ritual en diversos momentos».
Para situar en el tiempo el yacimiento arqueológico de la segunda sala, Aranzadi envió los trozos de carbón a un laboratorio de Groningen (Holanda), el Centrum voor Isotopen Onderzoek, especializado en la prueba del carbono 14. Este análisis, capaz de realizar dataciones con un reducido margen de error, tarda seis meses en completarse. El equipo arqueológico de Praileaitz acaba de recibir el resultado de la prueba solicitada. Los trozos de carbón analizados datan de hace 8.800, 8.845, 8.925, 9.200 y 9.225 años, todos ellos dentro del período epipaleolítico.
Momento clave
Además de confirmar el asentamiento en la segunda sala interior 9.000 años ha, el dato sitúa la excavación arqueológica de Praileaitz ante un momento clave. Al margen de sus pinturas rupestres, el hallazgo que singulariza la cueva de Praileaitz es que fue escenario de actividades de tipo ritual o espiritual. Aunque ese uso se diera en diversas épocas, parece confirmada la presencia de un individuo concreto, alguien cercano a la figura de un chamán, que en el Magdaleniense Inferior (hace 15.500 años) utilizó la cueva de Deba para rituales y dejó allí una colección de collares de piedra negra única en Europa.
Hasta ahora se habían encontrado vestigios de aquel chamán, especialmente sus 29 collares, en la entrada y la primera sala interior de la cueva. Ahora, después de excavar esos estratos correspondientes a hace 9.000 años en la segunda sala, puede que en las excavaciones de los próximos meses aparezcan nuevos restos de ese Magdaleniense Inferior en el que vivió el personaje, o bien que se salte hasta un período anterior. La ciencia arqueológica habrá de solventar las incógnitas. «No sabemos que hay debajo, pero estamos a punto de alcanzar ese posible nivel».

 

 

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