El ser humano como agente geológico

El ser humano como agente geológico.

 

                                                           Hacia el Realismo Ecológico

 

El hecho de sentirnos a nosotros mismos como centro del Universo nos ha llevado a los seres humanos, en

muchas ocasiones, a no considerarnos Naturaleza. Así, hablamos de << seres naturales>> y << seres

 artificiales>> para referirnos con estos últimos a los objetos realizados por nosotros mismos.

 

Separados, pues, la dinámica natural de la dinámica humana. Sin embargo, el ser humano no deja de ser otro animal, que es influido por su medio ambiente y que a su vez influye en él. Es más, sucede que esta influencia es enorme, rozando en ocasiones el límite de lo catastrófico.

 

Su inteligencia, su organización social y la tecnología fruto de esta conjunción así lo posibilitan.

 

El humano es un agente geológico de primera magnitud y su acción ejerce una influencia no solo en

el aspecto Ecológico –de lo cual ya no quedan dudas, razonables al menos-, sino, mas aún, en toda la dinámica cortical. La acción erosiva del propio ser se ha ido incrementando con el progreso de su tecnología, de su capacidad de consumo y con su expansión demográfica. Enormes cantidades de materia primas son necesarias para soportar la demanda de las sociedades industriales. Las minas subterráneas han dado relevo a las espectaculares explotaciones a <<cielo abierto>>. En ellas son arrasadas montañas enteras y removidos centenares de kilómetros cuadrados de terreno, destruyendo la vegetación y el suelo, alterando el drenaje de las aguas superficiales.

 

El resultado son unos materiales susceptibles de sufrir una intensa erosión que arrastrara millones

de toneladas de sedimentos a los ríos. En los últimos tiempos se han unido otras acciones erosivas del ser humano de igual espectacularidad, y mas abundantes: las canteras, los trazados de las obras publicas, emplazamientos de polígonos y viviendas, etc.

 

 

El humano no solo erosiona, sino que también transporta y sedimenta. Desde las escombreras de las

minas, hasta las grandes y desproporcionadas ciudades, todos podemos citar docenas de ejemplos en los que la actividad humana ha tenido una fase erosiva, otra de transporte y una final de sedimentación. En estos procesos el ser humano moviliza miles de millones de toneladas de material, con un mayor o menor grado de elaboración, desde sus lugares de origen a las zonas donde los deposita, ya sean ciudades, presas, puertos, puentes, vías de tren, etc.

 

 

Pero el ser racional también deposita otro tipo de materiales: los residuos de su actividad. Desde la

basura hasta los restos de materiales radioactivos. Los residuos orgánicos e inorgánicos contaminan los acuíferos subterráneos, los ríos, y a través de estos el mar. Se elimina la fauna de muchos ríos y se pone en peligro la supervivencia de las especies marinas, al tiempo que se modifican las características químicas de las cuencas de sedimentación. Y se afecta a la cultura negativamente (pinturas en cuevas, vestigios de asentamientos…) cuando el negocio los destroza.

 

 

 El ser humano no solo actúa directamente sobre las tierras y mares, sino que modifica climas y altera

 la acción de los agentes de la dinámica externa. La tala de los bosques, la acumulación de agua en los pantanos, los cambios de la composición de la atmósfera debido a la actividad industrial, etc.

 

Modifica el clima a escala local y global. Al mismo tiempo, hechos de este tipo alteran la acción de los agentes erosivos, también de una forma local-global. La tala de los bosques, por ejemplo, además de aumentar la aridez del clima, favorece la acción de los agentes erosivos sobre el terreno descubierto. Los embalses son cuencas sedimentarias  creadas por el hombre que, lógicamente, impiden que materiales arrastrados por los ríos desde sus cabeceras hasta que ellos lleguen a sus áreas de sedimentación.

 

Podríamos citar multitud de ejemplos más. Es de prever que nuevas necesidades y avances tecnológicos conduzcan a nuevos fenómenos y aumenten las dimensiones de los actuales. Esperemos que estos avances no terminen por volverse contra el propio hombre y, que su inteligencia logre que el desplazamiento del equilibrio dinámico entre él y la Naturaleza sea en el sentido de su progreso y en pos de su felicidad.

 

El proveedor de la chamana.

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